VERDAD CRÍPTICA

09/05/2016 - 09:45
Concurso de escritura para estudiantes CIES

Adquirir conocimiento para aprender a usarlo en cualquiera de los oficios de la vida, sonaba a premisa trillada, pero no resultaba tan simple para este estudiante de sistemas que se graduaría de técnico en CIES en los meses sucesivos. Lo abrumaba la velocidad a la que marcha la tecnología de ese entonces, pues apenas podía respirar para aprender un programa nuevo o comprender la implementación de una herramienta reciente. Desde luego, no podía darse el lujo de desentenderse de estos cambios si quería hacer parte del promedio competente; aunque en buena parte ya había perfeccionado algunas de sus habilidades en el medio laboral, gracias a su perseverancia y anhelo de conocimiento. 

Por otro lado, le resultaba asfixiante la problemática perpetua de los que sufrían limitaciones o enfermedades, los que vivían sumidos en algún vicio o simplemente aquellos que carecían de oportunidades minúsculas o significativas, porque para él, ellos habían vivido durante toda su existencia sometidos a la taimada ley del más fuerte en una sociedad descaradamente insensata. 

Después de algunos años, como era de esperarse, su conocimiento se potenció significativamente y ahora la prosperidad era su aliada en el mundo laboral; sin embargo creía que su inteligencia emocional era inferior, por lo que buscó la forma de crear un programa que le ayudará a vencer este duro escollo. Las redes junto con los sitios sociales de la web eran la fuente perfecta para empezar a recopilar datos y analizar variables del complejo comportamiento humano, así descubrió que a través de la desbordante información de la Internet algunos cuantos sacaban mucho más provecho que el resto del mundo, gracias a una variada gama de estrategias que iba desde las noticias embusteras hasta la captación fraudulentamente legal de dinero. Luego desarrollo algoritmos para polarizar y manipular la opinión del amplio número de grupos que conformaban la sociedad, incluidos los sectores: religioso, político, comercial y académico, entre otros. El programa iba nutriéndose por sí mismo día a día y le indicaba como afrontar las problemáticas en el aspecto personal de su diario vivir, sus relaciones sociales mejoraron notoriamente, pues adquirió un carisma que lo volvió irreconocible ante los ojos de quienes lo conocían de toda la vida. Inesperadamente su narrativa personal se convirtió en un collage mental que desencadeno en una crisis de identidad.

El programa radial que se emitía desde el sanatorio para toda una población que estaba bastante apartada de la caótica ciudad, era una inusitada sensación en aquel lugar, pues las opiniones de los pacientes no resultaban tan incoherentes, sino más bien una prosa bastante profunda acerca de la vida. El ingeniero veía en esta labor la oportunidad perfecta para ganar simpatizantes, a quienes podría moldear para convertirlos en gestores de una comunidad con características únicas. Por supuesto, en un comienzo este ingenioso hombre sólo podría hacer de estas personas entes productivos para su beneficio propio, pero luego ellos serían seres autómatas capaces de potenciar sus aptitudes y formar individuos con una alta capacidad cognitiva, condicionados a un modelo social uniforme en donde no habría lugar para posiciones extremistas que abusaran del principio de diversidad y así poder incubar una armonía absoluta.

Con el paso del tiempo, la etapa inicial culminó y ya se había conformado una sociedad en donde un pluralismo moderado tenía como único fin volver proactiva la colectividad. Así pues, cada quién se encargaba de diferentes labores tales como trabajo en los cultivos, confección de ropa, construcción, mantenimiento de infraestructuras, desarrollo de la tecnología, legislación de leyes, enseñanza en la academia e investigación científica, por mencionar algunas; a los que poseían menos entendimiento se les asignaba labores básicas, mientras que los más aventajados realizaban con vivacidad gestiones relacionadas con la organización y educación de los ciudadanos. No existía ninguna moneda ni impuestos, la práctica de compra y venta de las cosas esenciales se hacía a través de un sistema circular donde prevalecía el pago en especie, todos tenían lo justo, no había diferencia de clases y todo se producía para la propia comunidad sin intervención de grupos externos. Las habilidades de los pobladores eran únicas, como aquella villa en sí misma.

Desde niños los moradores aprendían a hipnotizar a los animales y tenían un control absoluto sobre ellos. Las relaciones entre parejas para procrear más criaturas, tenían un tiempo estimado durante el cual el romanticismo era un concepto inexistente, y para la crianza de los niños que resultaran de aquellos vínculos existía un grupo de personas especializadas en ese campo; cuando las personas no estaban en los periodos de gestación, se dedicaban ciento por ciento al perfeccionamiento de sus habilidades. Gracias a los programas desarrollados por el fundador del municipio los cuerpos vegetales tenían sistemas de escaneo así como funciones robotizadas de diagnóstico médico para indicarle a cada consumidor si podía consumir sus productos y en qué cantidad debería hacerlo. Las formas de entretenimiento se enfocaban básicamente en actividades deportivas de alto nivel, concursos de talento o pruebas de conocimientos. La red local de información estaba libre del consumismo y en esencia era utilizada únicamente para el aprendizaje. La edad promedio no sobrepasaba los veinte años y los órganos de los seres recién nacidos  eran programados para una durabilidad máxima de cuarenta años. 

No existían enfermedades ni sustancias químicas que alteraran el metabolismo de las personas, tampoco existían desordenes psicológicos, toda tarea era sincronizada para ser realizada en un tiempo justo y no caer en los excesos. La aldea tenía la posibilidad de ser aislada por un domo móvil ante las inclemencias del clima y los movimientos telúricos eran evitados gracias a plataformas flotantes sobre las que se encontraba cada edificación erigida.

Esta ciudad inverosímil fue administrada por siglos por una compleja máquina de proporciones gigantescas, con vida propia, que se potenciaba de forma autónoma gracias a la inteligencia artificial creada desde un comienzo por aquel experto, quien había fallecido hacía varias centurias atrás en aquel manicomio, donde dio vida infinita a un mundo patéticamente perfecto basado en principios ciertos, pero extremos y contradictorios

Escrito por: John Pulido
CIES Sede principal

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