Tener todo y no tener nada

24/02/2015 - 09:45

Un día como cualquier otro inicié mi rutina. Me levanté exactamente a las 6 a.m. para poder tomar una ducha, comer algo ligero y marcharme a estudiar, mientras iba camino a CIES, mi universidad, y golpeaba con mis pies una que otra roca que encontraba en el camino, de repente mi mente se invadió de pensamientos y sentimientos que jamás había experimentado, era como un sensación de vacío la que sentía dentro de mí. En ese momento comencé a preguntarme si realmente estaba disfrutando lo que hacía a diario con mi vida, fue un momento donde el temor y la duda comenzaron a pasear por mi mente e invadieron mi corazón, pues aun cuando estudiaba en una prestigiosa universidad y tenía una familia que me daba todo lo que necesitaba, un novio maravilloso, un automóvil lujoso, el mejor teléfono celular, una beca, en fin, yo tenía todo.

Pero en ese momento me sentía más vacía que nunca, mire al cielo y todo se tornaba sombrío y sin sentido alguno, era como caminar en medio de un bosque en una noche oscura donde la falta de visibilidad me conducía a caminar en círculos sin encontrar un horizonte seguro, y a la intemperie de ser atacada por cualquier bestia que se encontrara por el camino.

Continúe caminando para tratar de olvidar aquel momento tan escalofriante, pero cada vez llegaban pensamientos y preguntas más fuertes a mi mente; tanta fue la presión del momento que caí al suelo y un par de lágrimas se deslizaron por mis mejillas. Al estar arrodillada en suelo me pregunté, ¿Qué me está pasando?, y comprendí que tenía todo lo material que había soñado, pero mi corazón estaba agonizando, porque solo había dedicado mi vida a gastar mi tiempo tratando de llenar los vacíos de mi corazón con ideas materialistas que el mismo mundo me había ofrecido desde que era pequeña, tratando de ser la más bella, aunque me costara mi propia salud por no comer como se debía hacer normalmente, por tratar de agradar a cada persona que se cruzaba en mi camino aun cuando me costaba mi propia felicidad.

Increíble como mi vida se había convertido en un mar de apariencias, y pensar que estaba bien, bueno, tal vez, no entendía que era ser realmente feliz. ¿Cuántas veces deje de pasar tiempo con las personas que realmente valían la pena?, solo por ser la protagonista de un filme que estaba matando lentamente mi corazón y aniquilando el propósito real de mi vida.

Yo realmente necesitaba comenzar de nuevo, o iba a morir de un paro cardiaco y no por cuestiones de salud, sino porque a mi corazón le faltaba tener motivos para latir.

Ahora mi pregunta era, ¿Cómo puedo comenzar de nuevo?, pasaron algunos minutos cuando sentí que una mano tocaba mi hombro derecho; alce mi mirada y me encontré con un hombre de aspecto inexplicable, tanta era su gracia y la luz que irradiaba que no encontraba palabras para poder describir a aquella persona, sentí en ese momento tanta paz.

Con una voz suave, aquel hombre me tendió su mano y yo la tomé, sentía que mi corazón se iba a estallar. No podía entender como alguien sin pronunciar una sola palabra podía generar tanto gozo y armonía, yo no quería que se momento se acabara, supe que aquel hombre era Jesús, nadie podía generar tanta paz como la que él generaba con su sola presencia, me tomo en sus brazos y me abrazo fuertemente y me dijo al oído estas palabras que nunca olvidaré: “Muchos podrán traicionarte, abandonarte y quebrar tu corazón, pero si decides tomar mi mano y nunca soltarla te mostrare la salida del bosque en el que te encuentras y te daré mi amor incondicional, te indicaré el camino para llegar al propósito que fuiste predestinada y nunca romperé tu corazón”.

¿Qué podía yo decir en ese momento?, me sentía tan feliz que mi llanto se convirtió en alegría, y aquel vacío que me había acompañado durante toda mi vida fue lleno por el amor de Dios, Increíble ¿no?, como aun cuando le di la espalda a Dios toda mi vida, ahora, era Él quien me estaba rescatando del abismo en el que me encontraba.

Finalmente pude concluir que es hermoso cuando puedes encontrar a Jesús en medio de tu infierno, ¿qué más podía pedirle a la vida?, yo creí tenerlo todo pero un día comprendí que no tenía nada si no tenía a Cristo Jesús como el Señor y salvador de mi vida.

Daniella Rueda Rodriguez.

Etiquetas: