Los sueños no conocen limites

06/05/2016 - 05:15
Concurso de escritura para estudiantes CIES

Un día como cualquier en el mes de Mayo, donde las flores se abren y las tardes se llenan de color, me encontraba trabajando, ahí en mi pequeño pero acogedor escritorio, donde solo había espacio para las innumerables hojas de trabajo y las gratas sonrisas de quien venían a visitarme, entre tanto trabajo y obligaciones había algo en mi de lo cual solo hablar me erizaba la piel y es de eso que escuchamos a lo largo de nuestra vida, pero que pocos nos lanzamos a conquistarlos… Nuestros sueños, esa pequeña y sencilla palabra pero que a la vez es tan compleja y solo hecha para valientes.  

Yo que siempre he crecido en un hogar humilde pero feliz, donde había aprendido de mi madre que las cosas se consiguen luchando y con esmero… pero con el pasar de los años entre tantas desilusiones e intentos fallidos por querer volar, había olvidado las ganas de perseguir mis sueños, esos sueños que van mas allá de lo inimaginable; que para algunos son tan cercanos, pero para otros alcanzarlos se convierten en una verdadera odisea.   

En medio de la rutina de ir y venir de mi trabajo a la casa, cargando a mis espaldas el cansancio pero la alegría en el alma, en un instante sin darme cuenta estaba frente a mí un joven de cabello corto y desaliñado, pantalón jean y camiseta blanca, llevando consigo unas pequeñas hojas que sin pensarlo, me dejo una, y que llevándola en mi mano y siguiendo mi camino, vino un pensamiento en ese momento, era ese recuerdo de hace años atrás, donde compartía con un gran y viejo amigo que en medio de una conversación de la vida, me había interrogado por mis aspiraciones, pero que en ese instante solo el silencio me invadió, porque por primera vez en todos mis años, me había enfrentado cara a cara con lo que siempre había huido.

Aun no entiendo porque eso había venido a mi mente, pero me motivo a bajar la cabeza y comenzar a leer ese pequeño papel que tenía inscrito cuatro palabras “CIES”, que tenían relación pero que para mí no tenían ningún sentido. Cuando tome la decisión de ver más allá de ese papel me sumergí en mis sueños, por primera vez quería volar, quería demostrarme a mi misma que creer en mis sueños solo dependía de mí y de nadie más.

Ese mismo día, en el que habían ocurrido tantas cosas, decidí indagar que era CIES, cuando descubrí que la vida me estaba ofreciendo lo que tanto había esperado, la oportunidad que por miedo no podía dejar, que aunque mis años habían pasado y las cosas había cambiando, quería seguir luchando por lo que había olvidado.  

Como era de esperarse, después de tanto pensar y dar vueltas en mi cama, preguntando aquí y allá si iba a poder con mi nueva meta trazada, había llegado ese gran día, el primer día donde asistiría a CIES, a ese nuevo mundo que quería incluir en mi vida, donde a pesar de que el  temor invadía mi corazón se había llenado de alegría porque sabía que aunque sí llegara a fallar en el intento me habría quedado la satisfacción de haberlo intentado. 

Por eso, esa mañana con miles de sentimiento revoloteando en  mí estomago y mi corazón, decidí subirme en aquel bus, que no era un bus cualquiera pues sería ese que me llevaría cada mañana a la construcción de mis sueños. Cuando llegue a mi destino, me detuve por un momento y pensaba con entusiasmo en la que se convertiría en mi segunda casa, esa alma mater, que en el transcurso del tiempo me ha enseñado que no importa la edad, ni el color de la piel, ni las creencias religiosas o políticas o las diferencias de pensamiento, para decir “si” a nuestras aspiraciones, esa donde he conocido personas maravillosas de las cuales he aprendido que en medio de las obligaciones, de las responsabilidad y del tiempo la vida siempre nos dará oportunidades para continuar, para ser mejores no solo como profesionales sino como personas, porque si de CIES me preguntarán que he logrado aprender, puedo decir que aparte de ser una excelente academia,  es una institución donde más que poder cumplir una meta, es aprender a ser mejor persona y mejor profesional, que no solo importan los conocimientos que puedo adquirir sino como desde mis cualidades y fortalezas puedo contribuir a un mejor mañana. Y sin olvidar mencionar a mis compañeros y docentes, los cuales me han transmitido que cuando se edifica un sueño, no es solo la meta que alcanzo sino los pasos que doy para lograrlo. 

Finalmente, en este corto pero sincero escrito me queda por agradecer a todas las personas que de una u otra manera me han motivado a hacer cosas que jamás pensé que podría lograr, porque hasta que no decidimos intentarlo no descubrimos de lo que estamos hechos, mil gracias por acogerme familia CIES.  

Escrito por: Mónica Andrea Tique Leal
Estudiante de Recursos Humanos Y Bienestar Social
CIES- Bucaramanga

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