La última campana

25/05/2016 - 08:00
Concurso de escritura para estudiantes CIES

Era una cálida tarde de verano, todos a mí alrededor escuchaban lo que el profesor frente a ellos decía; sin embargo, mi atención estaba puesta en otra cosa en especial. Aquel pequeño niño de cabello castaño, que se balanceaba en los columpios  logro captar mi atención; la verdad, es que esta no era de mis clases favoritas, y no es que la economía no me guste, solo que especialmente este profesor no es uno de mis predilectos. 

De repente la campana que anunciaba mi salida sonó, todos tomaron sus cosas y salieron como caballos en una carrera; en poco tiempo el salón quedo deshabitado y lentamente decidí que era mi turno salir. Al llegar a mi casillero tome lo necesario de esté antes de dirigirme a CIES, solía ir allá a  menudo, tenían agua fría y aire acondicionado; además, era mucho mejor que volver a casa. Al entrar mire a mi alrededor, todo estaba callado, no se si ya lo había mencionado, pero ¡Si que había paz en este lugar! Con cautela me acerque a uno de los dispensadores de agua, me serví un poco y tome de ella; de repente sentí un escalofrió en mi nuca y me gire para ver qué lo ocasionaba; mi profesor de Economía estaba allí sorprendiéndome totalmente, coloque la mano que tenia libre en mi pecho sintiendo el acelerado latir de mi corazón. 

-    Profesor… -Dije con alivio-
-    La estábamos esperando. –Dijo él en tono misterioso-

Me pregunte a quién se refería con “estábamos”, ya que claramente, aparte de él y yo, no había nadie en este lugar. Con determinación a preguntar quién más estaba aquí, él me detuvo con una sonrisa que prometía muchas cosas, pero ninguna de ellas me gustaba; mi corazón comenzó a acelerarse y supe que debía salir de allí en ese mismo instante. 

-Yo creo que…

Cuando había comenzado a formular una excusa coherente me hizo callar, con miedo a llevarle la contraria lo hice; el  agua dentro del vaso que sostenía comenzó a moverse, desearía que hubiera sido a causa del temblor de mí mano, pero por desgracia, no era así. Trague fuerte e intente mirar más allá de mi profesor, finalmente entendí a quién se refería con “estábamos”, ya que una larga fila de personas, conocidas y desconocidas estaban detrás de él. El pánico que se había estado comenzando a crear en mi, se había vuelto miedo, todo mi cuerpo sabia que debía huir de ese lugar, lo más rápido posible. Sin  embargo, había algo que me retenía. 
Al mirar de nuevo a mi profesor algo comenzó a cambiar en él, su rostro había adquirido un color más pálido y se veía mucho más viejo que antes. 

-No tengas miedo. –Me susurro él-

Su mano, que había acariciado mi mejilla, estaba muy fría, tal como…si estuviera muerto. El terror crecía cada vez más, me aleje de él dando un paso atrás, pero el dispensador de agua me impidió ir muy lejos; algo había salpicado en mi mano, supuse que al moverme había regado un poco de agua, pero al mirar el vaso en mi mano note que ya no era más agua, en su lugar, había una especie de mezcla morada y viscosa. Con un grito ahogado solté el vaso de mi mano y al levantar la vista, todas las personas que anteriormente habían estado detrás de mi profesor, ahora me rodeaban en un círculo. 

Mire con pánico a todos a mi alrededor, parecían decididos a algo y yo solo intentaba buscar una salida; mi respiración comenzó a ser más pesada y lo único que quería era irme de este lugar. Cuando la esperanza comenzó a morir, encontré la puerta por la que había entrado a lo lejos, un poco aliviada por ese hecho decidí buscar la forma de poder llegar a esa ésta. Estudie todas mis alternativas y teniendo en cuenta que eran pocas, opte por la más fácil: Empujar a todos y salir corriendo. Tal vez no era el mejor plan, pero era lo mejor que tenia en este momento; llenándome de valor, mire con determinación a los ojos de mi profesor, que en definitiva ya no parecía mi profesor, me gire sobre mis talones y con toda mi fuerza comencé a correr hacia la puerta llevándome todo lo que se me interpusiera en mi camino.  

Al salir de CIES sentí un alivio inmenso, pero algo dentro de mí me decía que las cosas aun no terminaban, así que solo seguí corriendo por el oscuro y solo pasillo, que anteriormente había estado iluminado y habitado por muchos adolescentes.  Mi corazón latía rápido  y cuando finalmente vi la puerta de salida a pocos metros, una alegría gigante se apodero de mi, ¡Viviría! 

Cuando finalmente logre salir, lo primero que note fue el cielo gris y el frio aire que había, ¿Eso era posible? Hace tan solo unos minutos antes había sido un cálido día. Todo estaba solo y la niebla comenzó a formarse, de nuevo el pánico comenzó a apoderarse de mí; de repente a lo lejos comencé a oír una aguda vocecita pidiendo ayuda, me guie por ese sonido y camine hasta esa voz; el niño que anteriormente había visto en el columpio estaba frente a mi, parecía perdido y asustado. Me acerque a él agachándome para quedar a su estatura, coloque una de mis manos en su hombro y lo mire. 

-Hola pequeño, ¿Estas perdido?

Él niño movió su cabeza y clavo sus ojos en mi, eran de color avellana y reflejaban el miedo en ellos. Le sonreí, me levante y extendí mi mano, él la tomo y le afirme que todo estaría bien; comencé a caminar y de repente él se detuvo, al girarme aquel pequeño niño, de cabello castaño y ojos avellana, clavo un cuchillo en mi estómago.  

-Ahora estarás a salvo, pequeña.

Escrito por: Sofia Paruma Villa
CIES Cali
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