El túnel

10/05/2016 - 06:00

Hace muchos años, en un lugar boscoso alejado de la ciudad, habitaba una familia con mucho dinero, producto de una tradición familiar, en una casa enorme, de salones grandes, habitaciones amplias, baños con tina y un espacio propio para utilizar como vestidor, un comedor gigante con un centro de mesa tejido a mano, tan hermoso que al verlo cualquiera quedaba impactado por su sencillez, la cual contrastaba con el brillo del oro de los candelabros que con su elegancia parecía como si subieran hasta el techo, una cocina con comedor auxiliar para los empleados que trabajaban en su mantenimiento, y sin queja alguna, atendían las solicitudes de toda la familia desde el más pequeño hasta el más anciano de la casa. 

Esta gran familia estaba conformada por los padres, el gran señor “Don Isaías” un hombre bondadoso y amable que embrujaba a todos con quienes entablara conversación,  hechizaba con sus palabras sabias, que expelían educación y cortesía, sin necesidad de mencionar los estudios realizados alrededor del mundo; su esposa “Doña Eleonor”  quien se preocupaba por el bienestar y cuidado de la familia y de todo aquel que lo necesitara, reflejaba en su cuidado los valores de una gran madre; el hijo mayor “El joven Camilo” quien era el más acelerado por experimentar y proponer cosas nuevas e innovadoras de otros territorios, pero igual que sus padres se destacaba por facilitar el arduo trabajo de los hombres y mujeres del pueblo; y la más pequeña de la familia era “La niña Sofía” la más traviesa, a quien le encantaba jugar con todos los niños de su edad en los bosques y riachuelos del lugar pero con la característica de brindarle comida, ropa, juguetes a los demás niños, sin que ninguno lo pidiera.

Sin embargo la belleza de tan majestuosa casa no era lo que llamaba la atención de la gente, sino la virtud de quienes la habitaban, su humildad, bondad, el deseo y gratitud por ayudar a los demás; valores que a la vez, provocaban la envidia de los máximos gobernantes de la nación, no entendían cómo las personas nobles, se involucraban con los más pobres, quienes eran considerados pordioseros, que únicamente podían ser la servidumbre de la gran sociedad. 

Una noche, como si fuera una premonición, una pesadilla se convirtió en la obsesión de don Isaías, sentía que algo muy malo le iba a ocurrir a su familia, este pensamiento lo acompañó por varios días, por lo que construyó  un túnel en su morada para poder liberar a los suyos, si así lo necesitaran.

Una mañana, ocurrió lo que más temía don Isaías… Los líderes del ejército, comandados por los más altos miembros del ministerio, conspiraron contra él y su familia, llegaron hasta su hacienda y sin dar ninguna clase de explicación cerraron todas las salidas posibles, los amordazaron y encerraron en un calabozo improvisado, acusados de traición y apoderamiento de propiedades estatales; al pasar las horas, cuando todos fueron a descansar, fue contratado un bribón para prender fuego en cada rincón de la hacienda para que las cenizas se esparcieran por los aires borrando toda huella de tan maquiavélica acción.

Con lo que no contaban era que don Isaías, había logrado soltar sus ataduras para ayudar a su familia, aunque a la única a quien alcanzó a desatar, fue a la pequeña Sofía, a quien albergó en el túnel, pero cuando la niña por fin, llegó al final del mismo, se encontró con una extensa y seca grama, desde donde contempló, como su familia y su hogar eran consumidos por el inclemente infierno, mientras clamaba con desesperación el auxilio de los demás para salvar a los otros miembros de la familia; sin embargo, a pesar de que los hombres del pueblo llegaban por todas partes con baldes de agua para sofocar el fuego, el tiempo fue insuficiente para poderlos sacar con vida, algo que sin duda alguna marcó para siempre los corazones de quienes vieron tan terrible y maléfica escena.

Al transcurrir  algunos años la pequeña Sofía, se había convertido en una hermosa mujer, que con la ayuda de todos, había luchado por reconstruir la vieja casa. Sofía, se acercaba todos los días a la tumba de sus familiares, les preguntaba y les respondía a los difuntos como si estuviera charlando con ellos, contándoles todas las anécdotas del día a día, reía a carcajadas y en ocasiones lloraba cuando se hacía más notoria su ausencia. Sin embargo al cumplirse 15 años de tan fatídica tragedia, Sofía decepcionada por no hallar justicia alguna por el asesinato de sus padres y su hermano, corrió al cementerio, y una vez llegó, se lanzó sobre la lápida de su padre y le imploró que le diera la fortaleza para quitarse la vida y reencontrarse con ellos y fue entonces cuando surgió de lo más profundo de la tumba, una voz que le susurró al oído, que debía luchar, que en sus manos estaba la justicia divina y que era la única que podía construir de alguna forma todo lo que los representara, para que a pesar de los años, fueran recordados por su misión en el mundo terrenal, y ella asombrada por lo que había ocurrido pero al mismo tiempo serena, comprendió que era su padre, y de repente la voz se desvaneció. 

Al no escuchar más el sonido de la voz, Sofía tomó la decisión de construir en la vieja casa una institución, que cumpliera con todas las características de la gran familia y la llamó con las iniciales del nombre de cada uno de ellos, igualmente quiso incluir sus cualidades, entre ellas estaba la bondad,  la innovación, la unión familiar, brindar bienestar a los niños, ayudar a los más necesitados y la creatividad.

Muchos dicen que esa es la gran historia de lo que hoy conocemos como CIES.

Escrito por: Liliana Hernández
Coordinadora de Inglés
Sede principal CIES

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