Ana

23/05/2016 - 09:30
Concurso de escritura para estudiantes CIES

En un mundo como lo era Smatersland, donde abundaban tanto como hadas, sirenas, trolls, momias, animales, quimeras y ángeles, la paz era increíblemente palpable en el aire, hasta que un día nació la querida Ana, producto del desamor de un ángel y de la perfección de la naturaleza en otoño, Ana, había nacido gracias a la desgracia de su mundo, su cabello era tan rubio como el sol en la mañana, su piel morena como la tierra y sus ojos, sus ojos eran tan ardientes como el fuego, igual a los de un ángel. 

En sus primeros años de vida, las sirenas, al ver que un espécimen como Ana necesitaba de ayuda para subsistir, la ayudaron, le dieron de comer, le confeccionaron un vestido y gracias a este, tuvieron la oportunidad de enseñarle cómo era la vida bajo el mar ya que este vestido ayudó a Ana a desarrollar sus dotes para respirar bajo el agua. 

Al cumplir seis años, las sirenas decidieron alejar de las aguas a Ana, y con esto, Ana empezó a vivir con las hadas, ellas le regalaron un brazalete que le permitía volar tan alto como ella quisiese sin necesidad de alas; un día en el que el sol brillaba más de lo normal, Ana decidió salir de su cuarto y volar tan alto como pudiese para poder ver el atardecer en su mayor esplendor, y fue ahí, sobre las nubes en el cielo, que los vio a ellos, a los ángeles, en combate con sus exuberantes espadas, sus alas eran tan grandes que temía que alguna de esas plumas de fuego la llegaran a tocar y la quemaran; al ver tal espectáculo, Ana se quedó observándolos silenciosamente hasta el anochecer y por ultimo regresó a su cuarto. 

Cuando Ana cumplió 12 años, las hadas decidieron hacer una fiesta tan grande que asistieron todas las especies de Smatersland, entre ellas las quimeras, aquellos humanos-animales, de los cuales Ana toda su vida había estado obsesionada aparte de los ángeles, Ana era totalmente humana, sus brazos eran fuertes y delicados, sus piernas largas y tonificadas, era una niña que, para tener 12 años, era tan hermosa como una flor.  

En aquella fiesta, Ana conoció a un chico llamado Mik, era una quimera, su cabello era corto y estaba decorado por dos grandes cuernos de gacela, su rostro era muy similar al de un humano al igual que su torso, su espalda disfrutaba de unas grandes alas de murciélago y sus piernas eran iguales a las de un león blanco, era extrañamente hermoso; Mik se convirtió en un gran amigo de Ana y desde aquel día, Ana empezó a alejarse de sus amigas las hadas, para empezar a ir a las cuevas de las quimeras. 

Las quimeras Vivian en el lugar más oscuro de Smatersland, en las grandes cuevas, donde Ana no podía ver tan fácilmente, y al tener esta necesidad, las quimeras más ancianas decidieron regalarle un collar con el ojo del diablo, gracias a este, ella podía ver más que cualquier otra persona, podía ver la luz en la oscuridad, podía ver y sentir el alma de los demás. 

Empezó a vivir con Mik y este, le mostro lo más oscuro de su mundo, llevándola a los sarcófagos para mostrarle sus ancestros momificados, Ana cada vez que iba, sentía algo raro en su corazón, algo fuerte y maligno. 

Después de vivir muchos años en la oscuridad al lado de Mik, a sus 16 años volvió a salir de las cuevas para elevarse por lo más alto en los cielos Smaterlianos, cansada de estar con los trolls y quimeras en las cuevas viajó hasta la puerta del imperio de los ángeles, donde fue recibida por el emperador Sorck, sus ojos estaban cansados, tenía unas grandes bolsas negras debajo de estos, y ella, gracias al collar de los ojos del diablo, pudo percibir en su alma, más dolor del que alguien pudiera llegar a experimentar. 

En el imperio de los ángeles, el hijo de Sorck llamado Drew, fue su guía durante casi dos años, había conseguido un anillo a los 17 años, con el cual podía lanzar tanto fuego como ella quisiera y al cumplir los 18 años, Ana abandonó el imperio por el intento de violación que había recibido de Sorck junto a Drew, se había sentido usada, pensando en que había desperdiciado toda su vida idolatrando a los ángeles. Con el corazón destrozado en la mano, sus ojos de fuego se volvieron tan negros como la luna, y empezó a destruir todo a su paso. 

Las aguas las contaminó hasta el punto de que todas las sirenas quedaran flotando muertas sobre un mar negro, los bosques los quemó dejando a las hadas carbonizadas a su paso, con la fuerza que le habían brindado los trolls, derribó montañas dejando bajo tierra a las quimeras, y al haber destruido todo Smatersland se dirigió nuevamente al imperio, donde su collar empezó a robarle el sueño a tantos niños como pudiese, presentándose por medio de pesadillas, Drew le había enseñado a Ana que la belleza de los ángeles se remuneraba cada noche con el sueño, y que si un ángel no dormía bien, sus alas y sus ojos se apagarían a sólo tres días; gracias a este conocimiento, Ana se sentaba a disfrutar cada noche al ver como el imperio de Sorck se acababa poco a poco. Y al no existir nadie más en la tierra a excepción del emperador de los ángeles y Ana, fue a su cuarto en la noche y con sus colmillos atacó a su cuello, proporcionándole un veneno impactante el cual lo haría morir de la manera más dolorosa posible. 

Cuando Ana cumplió 20 años, lloró por primera vez, y de aquella lagrima, producto de la soledad, nació bajo los árboles un niño… y lo llamó Adán. 

Escrito por: Maria Camilia Gómez
CIES Cali, Décimo grado. 

 

Etiquetas: